Julián Álvarez pidió salir en pleno Mundial y desde entonces el Metropolitano no lo ha perdonado: pitos, pancartas de "Julián fuera" en la ciudad deportiva y una afición que canta "que se vaya" cada vez que toca el balón. Es válido el enfado. Lo que no es inteligente es lo que están haciendo con él.
Sí, se puede estar enfadado. No, así no se hace
Queridos fanáticos del Atlético de Madrid: honestamente los entendemos cuando le pitan a un jugador que se quiere ir. Lo que no están viendo es que, mientras el jugador siga vistiendo los colores de tu equipo, más que demostrar tu descontento —que es totalmente válido— estás desmoralizando al jugador.
Repito: es totalmente válido demostrar el descontento. El problema radica en que tener a un futbolista en la plantilla desmoralizado, sin ganas de estar y que encima sale al campo y su propia afición lo crucifica, es ponerse una pistola en la cabeza ustedes mismos.
Le están bajando el precio a su propio activo
Y sin darse cuenta, le están bajando el precio a su jugador. Un jugador por el cual pueden sacar mucho dinero, pero no tanto como piden, porque un delantero que marcó 8 goles la temporada pasada partiendo como titular no vale lo que están pidiendo. Se entiende que quieran sacar la mayor cantidad de dinero posible por su activo. Pero cada pitada, cada pancarta, es un cero menos en la cláusula.
El complejo de los complejos
Llevan años vendiéndonos la historia de que son el equipo del pueblo, y este verano se han gastado más de 175 millones de euros en fichajes, más que muchos equipos de la Premier League. Llevan años creyéndose un equipo grande y son incapaces de ganar dos títulos seguidos.
Su temporada se resume en ganarle al Madrid y hacerle la vida imposible al Barcelona, pero cuando llega la hora de la verdad, no siempre ponen el mismo nivel. La imagen más clara: eliminaron al Barça en el Camp Nou con un histórico 0-2, su primera victoria allí en 20 años. Y ese mismo curso, en la fase de liga de Champions, el Arsenal les endosó un 4-0 en un partido de octubre donde no había nada urgente en juego. Se crecen contra el rival de siempre. Se apagan cuando el morbo no está.
Llevan muchos años comparándose con el Madrid y el Barcelona y no ven que lo que realmente están haciendo es hacer crecer sus complejos, complejos que se contradicen entre ellos. Tienen un complejo de inferioridad que no sorprende a nadie: cuando alguien quiere fichar a un jugador de su plantilla, han llegado a llevar el caso hasta los tribunales —como cuando denunciaron a Barcelona por el fichaje de Griezmann en 2019—, pero cuando son ustedes los que quieren fichar, mandan a toda la plantilla a llamar al jugador para convencerlo. Un poco irónico, ¿no?
Complejo de inferioridad cuando les quitan a alguien. Complejo de superioridad cuando quieren quitarle a otro. Elijan uno.
Y ahora entra el complejo de superioridad: se creen más grandes de lo que son, con la excusa de no querer "reforzar a un rival directo", como si el Barcelona fuera su rival directo. El rival directo del Atlético es el Villarreal, la Real Sociedad o el Athletic Club. Equipos que juegan en su liga, por el mismo puesto.
El precedente que ustedes mismos escribieron
A ustedes hay que recordarles que, cuando han querido algún jugador del Barcelona, el club catalán jamás ha puesto trabas. Es más, en muchos casos hasta se los han regalado para que pudieran ganar ligas, como fue con Villa y Suárez. Sin contar, claro, a jugadores como Lenglet, Griezmann o el mismo Depay.
El problema no son los jugadores
El problema no son los jugadores que tienen. El problema es una directiva incapaz de ver que el modelo de entrenador que tienen no es el más óptimo. Un entrenador al que se le pasó la fecha de expiración hace muchos años y al que, por las ansias de seguir pagándole el sueldo más alto de Europa —de hecho, del mundo entero— con tal de fastidiarle la temporada al Barcelona, ustedes son felices. Al final cada quien se complace como quiere, y hay unos que se complacen con muy poco.
Quédense con Julián, pero no le piten. Al final está vistiendo la camiseta de su equipo, y hacerlo sufrir no es la mejor idea si quieren que el chico juegue bien.
Nueva temporada, muchas caras nuevas, mismo entrenador, mismos resultados. Al final será lo de siempre: ningún título y el Cholo celebrando en el Bernabéu.
