La liga de los lloros se cobra otra víctima. Y es que el Betis le ha regalado al Real Madrid su primera derrota de la temporada. Como bien he dicho en varias ocasiones, este Madrid es el mismo de las últimas temporadas, por más que cambien algunas caras. Un equipo sin alma, sin esencia, sin ganas, y con algo que no cambia: Vinicius y Mbappé.
Los de siempre, otra vez desaparecidos Vinicius sigue sin aparecer, y Mbappé no está en el tono que nos tiene acostumbrados. Sí, ha marcado 4 goles, pero en 2 partidos de 4. Van 4 jornadas y todos pensaban que iba a seguir goleando, pero al momento de enfrentarse a un rival de más categoría, cayeron, y de qué forma.
Hablemos de Jude, que tampoco apareció. Y lo que de verdad indigna es lo que hizo Mourinho con eso: sacó al que estaba jugando mejor, que era Güler, en el minuto 64. Mientras tanto, Bellingham, Vinicius y Mbappé, con partidos flojos los tres, siguieron en el campo hasta el pitido final. Tienen que darle más oportunidades a Espí por encima de algunas vacas sagradas como Vini o Mbappé, porque ahora mismo el que entra desde el banco aporta más que los que llevan un dorsal de estrella.
La polémica está sobre la mesa Lloran por un penalti que, según muchos, debía repetirse por una invasión del área, y la polémica ahí es real: varios jugadores se metieron en el área antes de tiempo, y hubo un debate legítimo sobre si el lanzamiento debía repetirse. Pero en el papel, con las normas en la mano, el colegiado no se equivocó al dejarlo como estaba.
Un fuera de juego en el gol de Espí, en los minutos finales, también levantó los lloros. Bien arbitrado, otra vez. La línea estaba donde estaba, y el gol no debía subir al marcador.
Y aquí es donde se pone interesante: obvian llorar por una segunda amarilla que no le sacaron a Güler, ya amonestado, por cortar una salida de balón del Betis en el minuto 52. Todo el estadio lo pedía, Isco a la cabeza reclamando explicaciones. El colegiado miró para otro lado. Esa era roja, sin discusión, y de esa no se acuerda nadie quejarse.
Convenientemente.
El mismo Madrid de siempre Un equipo que se queja de lo que le complica el resultado y calla lo que le beneficia. Eso también es parte del ADN que arrastran desde hace años, y este viernes en La Cartuja quedó otra vez retratado.
La liga de los lloros sigue su curso. Y esta jornada, por primera vez en la temporada, les tocó llorar de verdad.
