Luego de la novela del verano, con un Atlético afirmando que no negociaba con equipos que eran rivales, la Liga le ha dado la razón a los que se reían de ese relato. El Athletic Club, uno de los rivales directos de verdad del Atlético —no el Barcelona, como tanto insistieron—, les acaba de meter un 3-0 en San Mamés.
Un proyecto que se reconstruye, no uno en crisis El Athletic no llegaba a este partido en su mejor momento: temporada pasada de olvidar, 12º puesto, cambio de entrenador de por medio con la llegada de Edin Terzić, y arrancó esta Liga perdiendo sus dos primeros partidos, ante el Sevilla y el Barcelona. Nada de esto habla de un club en su cumbre. Pero eso es muy distinto a estar “sin proyecto y con problemas financieros”: el Athletic sigue siendo, de lejos, uno de los clubes mejor gestionados de España, sin deudas ni sobresaltos económicos. Lo que tenía era una reconstrucción en marcha, y esta victoria, la segunda seguida tras el triunfo en Balaídos, es la prueba de que esa reconstrucción va encaminada.
Y ese Athletic en pleno proceso de reconstrucción le puso un clavo más al ataúd del Cholo Simeone. Porque lo que no se entiende es que siga siendo el entrenador del Atlético, un Atlético que temporada tras temporada sigue sin darle guerra a los dos grandes de Europa, y que en 4 jornadas ya lleva 1 derrota y 1 empate.
Dominaron media hora, y luego se derrumbaron El partido no empezó mal para los colchoneros: Kang-In estrelló un balón en el poste a los tres minutos, Pablo Barrios hizo lo propio antes del descanso, y el Atlético tuvo con qué inquietar a Unai Simón. Pero apenas empezó la segunda mitad, Nico Williams y Robert Navarro anotaron en cuestión de minutos, y ese doble golpe noqueó a un equipo que ya no tuvo respuesta. Oihan Sancet cerró la cuenta después. Como reconoció el propio Barrios tras el partido: los dos goles seguidos les hicieron mucho daño.
Simeone respondió con cuatro cambios de una sola vez, metiendo a Julián Álvarez, que empezó en el banquillo y volvió a escuchar los pitos de su propia afición al entrar. Ni con él ni con los demás cambios el Atlético encontró grietas en la defensa del Athletic. Un disparo suyo desviado por Unai Simón fue lo más parecido a una ocasión clara en toda la segunda mitad.
El Atlético no sabe a qué juega, y los relatos que nos han vendido durante mucho tiempo carecen de fundamento. El del “no vendemos a rivales directos” es el más reciente, y hoy quedó en evidencia: el rival directo de verdad les acaba de recordar, con goles, quién compite realmente por lo mismo que ellos.
Lo siento mucho por los fanáticos colchoneros, pero esta temporada va a ser muy larga.
Y el miércoles, con la Champions y el Liverpool esperando, no hay mucho tiempo para lamerse las heridas.
