Arrancó la temporada del Real Madrid. Arrancó el Madrid de Mourinho. Pero con sensaciones del Madrid de Arbeloa.
Nadie arranca en dos días Lo dije en un video y lo vuelvo a repetir: no nos pueden vender una idea antes de que empiece. Un equipo con cambio de entrenador no arranca en dos días.
Son demasiadas cosas nuevas a la vez. Cambio de ideas, cambio de esquema, cambio de caras: seis fichajes debutaron en este partido —Konaté, Dumfries, Bernardo Silva, Cucurella, Yan Diomande y Carlos Espí—, cada uno con un fútbol distinto en la cabeza y con una pretemporada atípica encima, condicionada por el Mundial.
Ese es el contexto que conviene no olvidar: este ni siquiera era el estreno de la jornada 1. El Madrid tenía aplazado su partido ante la Real Sociedad, así que debutó en la jornada 2, con el rival ya rodado y con tres puntos en el bolsillo tras golear al Levante. Y encima ahora le tocan tres partidos en nueve días.
La polémica, para variar El juego quedó marcado por el arbitraje. Y aquí no hay medias tintas: en el minuto 3, con el balón detenido y Vinicius en el suelo, Álex Calatrava le pegó una patada en la espalda. Sin disputa, sin pelota, sin intención deportiva. Ni Sánchez Martínez ni el VAR hicieron nada. Lo que vino después es material para un guion de comedia negra. Calatrava se libró otra vez al inicio de la segunda parte, con una entrada con los tacos por delante sobre Carreras que era la segunda amarilla clarísima. Y en el medio, en el minuto 30, marcó el gol del empate.
El jugador que debía estar en el vestuario desde el minuto 3 terminó celebrando el 1-1 delante de su afición.
Ahora bien, seamos honestos también del otro lado: Vinicius se tiró en el área reclamando un penalti que no existió, y ya tenía amarilla. Esa también era tarjeta, y esa también era expulsión. El Espanyol la reclamó y tenía razón. Mourinho salió a defenderlo en rueda de prensa hablando de acoso al brasileño, pero la realidad es que Vini jugó otra vez al borde del precipicio.
Un partido, dos expulsiones que no fueron. Coherencia, cero. El héroe que no estaba en el relato Nos quisieron vender que con Mbappé, Vinicius y Diomande no íbamos a celebrar ni los cumpleaños.
Al final al Madrid lo salvó Espí. Sí: Carlos Espí, uno de los seis fichajes, el que no aparece en ninguna portada, el que entró en el minuto 80 y en el 90 se quitó a Dmitrovic de encima para definir con una calma que no tuvieron los que cobran veinte veces más. Porque Mbappé perdonó dos mano a mano ante el mismo portero. Y Valverde estrelló un balón en el poste en el 78. El Madrid ganó por un chico que nadie tenía en el radar. Eso también dice algo del partido.
Lo que Mourinho tiene por delante Este Madrid está lejos de su mejor forma. Pero apenas es su primer partido: sería una locura pedir ya un equipo apisonador. Hay que darle un par de meses para ver la mano del portugués, y me atrevo a decir que la veremos en el clásico de octubre, en Barcelona, jornada 10.
Nuevo entrenador, nuevos jugadores, misma mentalidad, misma idea de juego, mismas deficiencias defensivas. Presionar mucho sin juego colectivo no gana títulos. Mou tiene trabajo con Vinicius y Mbappé, que siguen sin comprometerse en la presión. Tiene más trabajo aún con un mediocampo que brilla por su ausencia: Valverde y Bernardo Silva como doble pivote, con Camavinga y Tchouaméni esperando en el banquillo, y un equipo que se partió en dos durante largos tramos. Y tiene un problema estructural atrás que este partido apenas insinuó, porque en el gol del empate el que se quedó dormido fue Valverde, no la pareja de centrales.
Un equipo que se rompe, que no controla, que depende de la inspiración individual y de la aparición de un suplente en el minuto 90.
El veredicto Tres puntos, sí. Debut ganador de Mourinho trece años después, sí. Pero el fútbol fue el de siempre, y el “siempre” del último año no es precisamente un buen recuerdo.
Arrancó el Madrid de Mou… sin convencer.